CAROLO LÓPEZ-QUESADA

 
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Los caballos no fueron un fraude para Elmyr de Hory

Recordamos al pintor que realizó más fraudes del mundo con sus cuadros  

  En una ocasión, en masdecaballos.com acompañamos un artículo con la foto de un cuadro de Elmyr de Hory. En seguida nos llamó Carolo López-Quesada comentándome que le había llamado la atención la foto, pues él había conocido personalmente al pintor, dada la gran afición de su padre y de él al arte.

  El motivo de este artículo guarda relación con que en la mencionada foto el pintor refleja a caballos, concretamente caballos de la Escuela Española de Equitación de Viena. También viene al caso, porque Carolo ha escrito en su propia web, y en la nuestra, sobre el pintor Toulouse Lautrec. Se ha referido al pintor francés como un pintor de escenas ecuestres maravillosas, en contra de una vida no exactamente convencional (más bien muy decadente). Entre Toulouse y Hory hay concomitancias: los dos fueron pintores, los dos representaron muchas veces caballos y sus vidas no estuvieron dentro de la estricta normalidad. Sin embargo, el primero es mucho más conocido por su arte -merecidamente-, que el segundo. Asimismo, hay un artículo de Carlos en su página de internet en que habla del cuadro “La Rendición de Breda”, como el mejor en que aparecen caballos. Hay muchos pintores que han reflejado el mundo de los caballos en sus obras, pues ya comenzaron a ser representados en las cuevas de Lacaux (15.000 años antes de Cristo), en el arte griego, en el arte romano, en el arte oriental, Rafael, Leonardo, Durero, Tiziano, Tintoreto, Vernet, Rubens, el citado Velázquez, Goya, Gericault, Delacroix, Degas, Manet, Van Gogh, Gaugin, Sorolla, Picasso, cómo no lo ingleses fundamentalmente en los siglos XVIII y XIX, los pintores actuales…!Tantos, tantos!

  No sólo la equitación tiene que fundamentarse en la actividad deportiva, pues el caballo y el hombre han formado un uno a lo largo de la historia: ya en la mitología, la caza, las guerras, el tránsito, en el propio arte pues el caballo es de una gran plasticidad… Ello hace que el artículo de Toulouse Lautrec nos haya gustado mucho. Y nos ha gustado por lo anteriormente referido y además porque sugiere una connotación de vida muy interesante pero nada extraña en los artistas.

  Hory en el cuadro en cuestión no puede evitar plasmar al caballo, superado por la bella estética de la Escuela Española de Equitación de Viena, tal vez rememorando también la gran relación que existió entre Austria y Hungría, pues el pintor nació húngaro (1906). Y lo hace con el toque impresionista que marcaría su obra, no exento de movilidad provocativa y en claros tonos pasteles.

  Observando el cuadro vemos que está firmado con el nombre del autor. Ello en un principio puede parecer normal, pero no es así pues el pintor normalmente no firmaba sus pinturas pues conseguía que fueran atribuidas a grandes maestros. Efectivamente, Hory fue el mayor falsificador del mundo en pintura, pero no era un copista propiamente ni firmaba las obras con el nombre de quien se pensaba que era el autor. Con una habilidad especial dibujaba escenas pictóricas que hacían pensar en grandes maestros, inspirándose en las obras de los mismos. Comenzó con el mundial malagueño Picasso, siguió con Matisse, Renoir, especialmente con Modigliani… Con su fraude, llenó los museos de arte moderno más importantes del mundo. Pero el seguir los dibujos con la pintura al óleo, hizo que la premura impuesta por sus marchantes hiciera que al no secarse bien los cuadros se pudiera confirmar lo que ya muchos sabían. Sin duda, tenía el dolor de aquellos copistas que copian excepcionalmente (no lo era en realidad, como hemos dicho) pero que su producción por ellos firmada es totalmente ninguneada. Así, en vida de Hory sus cuadros valían muy poco y se vendían en los puestos de las calles de París. Fue en la ciudad del Sena, donde el pintor comenzó con el fraude. Había llegado a París tras muchas vicisitudes en su Hungría natal por problemas al parecer relacionados con el espionaje y posteriormente con su presunta homosexualidad y el ser judío. Hory entra en el ambiente de la bohemia francesa, de después de la II Guerra Mundial. En sus inicios en la capital de Francia trata de ganarse la vida honradamente pero cuando le surgen problemas económicos comienza a utilizar su gran facilidad para imitar a algunos de los pintores más cotizados. Se comenta que el húngaro era capaz de realizar un dibujo de Modigliani en escasos minutos. El arte de Hory era grande y la técnica siempre estaba presente. Sus primeras obras las plasmó en la hoja en blanco de algunos libros antiguos que recortaba minuciosamente para conseguir más efectividad en cuanto a la época. En un principio, tampoco dibujaba y vendía directamente, pues hacía que se corriera el rumor de que estaba en el mercado una obra de gran interés antes de que su dibujo apareciera.

  No sólo Hory se da cuenta del valor que llegan a alcanzar sus obras fraudulentas. Sino que de ello son bien conscientes algunos marchantes, que se encargan de distribuir la obra del pintor. El porcentaje de los mismos sube y sube cada vez más. Hory como artista, que era, se imbuye de arte y de belleza y tan sólo consigue una vida totalmente disipada y desgraciada, llena de un falso glamour. Sus marchantes -no quiero citar nombres- crean para el pintor lo que es una “jaula de oro”, pues- como hemos dicho- la libertad no existe y la premura y el afán de beneficio matan la gallina de los huevos de oro, confirmándose lo que ya se intuía. 

  Es en Ibiza donde recluyen al pintor, obligándole a pintar casi sin parar. Vida aparentemente de lujo, para quien con sus obras producía muchísimo más de lo que costaba. Fue en la propia isla pitiusa donde falleció Hory (1976), posiblemente por ingesta de somníferos. El húngaro estaba totalmente desencantado de su vida y además sabía que España le iba a extraditar a Francia para que fuera juzgado por fraude. No le compensó la gran belleza de la isla balear, ni su luz ni sus blancos incomparables.

  Un artista que llenó los museos más importantes del mundo y que burló a los mayores entendidos en pintura de su tiempo, pero que no consiguió en vida que su obra no fraudulenta fuera considerada (hoy tal vez sí lo sea). Una vida de lujos superfluos, marcada por unas tendencias sexuales no bien vistas, aderezada por una cierta celebridad con libros escritos sobre el artista y una película de su vida de Orson Welles entre lo real y lo ficticio, en claras sabiendas de que su historia acapararía mucha atención.

  Cuando algunos grandes coleccionistas americanos confirmaron que muchas de sus obras eran de Hory, no quisieron desprenderse de ellas, y se comentó “si ha sido capaz de engañar a los más entendidos es porque tienen mucho valor”.

  Aún así, el artista doblegó ante la belleza de los caballos y sus escenas ecuestres las firmó con su propio nombre. Los caballos nunca son un fraude: son una realidadque siempre delata al que trata de que no se vea la propia realidad. En el deporte los resultados son evidentes y en el arte al final todo se sabe y hay multitud de tratados que valoran el mismo. Aunque siempre hay modas, el tiempo es implacable y demuestra el arte.

  José Padeira (Director de www.masdecaballos.com)

    4/4/2008

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