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Lloraba la pista verde de Madrid.
La pista verde del
Club de Campo de Madrid, puede con todo. Es omnipotente en
cuanto a su tradición, su leyenda y su fortaleza.
A la pista verde de
Madrid no se le atraganta ni la megafonía que no se escucha, ni
el marcador que no se ve, ni las acreditaciones que no se pueden
recoger, ni los vasallos de los vasallos haciendo el paripé por
ella.
A la pista verde de
Madrid no le pueden la legión de “vigilantes de seguridad “ que
tienen que aprender un poco de respeto y cortesía por las
personas. Lo de las esposas y las porras, sobra; a la pista
verde de Madrid no le hacen falta.
A la pista verde de
Madrid no se le atraganta ni siquiera el “dinero “; no se rinde
ni ante las presiones, ni ante las alcaldadas, ni ante las
dobles varas de medir, ni ante los poderosos. Puede con todo y
con todos los que no respetan su gallardía.
La pista de Madrid
respeta errores de jinetes, errores de distancias, errores de
caballos, pero lo que no respeta es la insinceridad, la
mediocridad y la bajeza.
Es tan antigua que
hay que hablarla en verso, con sonetos, no con monólogos del
desatino. Escucha pero no atiende lo que no le interesa y sobre
todo el lenguaje canalla y soez, no lo tolera.
A la pista verde de
Madrid no la domina ni la Federación con su “diferente “
actuación, ni los desplantes, ni los palmeros con tambores y
flautines que tocan a arrebato para defender lo indefendible .
Es firme, es sólida, está enraizada con 100 años de Historia ,
aunque algunos la traten como si hubiese nacido antes de ayer.
No se inclina ni ante
las humillaciones, no cede ni ante la injusticia, no se agacha
ni hace reverencias cuando no tiene que hacerlas.
Ha visto y oído
demasiado; ha entendido que todo lo que reluce no es oro y que
todo lo que es dorado no siempre es oro.
La pista verde de
Madrid es muy vieja, sabe mucho , sufre mucho, aunque también se
entrega mucho.
Yo la he escuchado
chillar, la he oído quejarse, la he visto moverse de
desesperación .
Afortunadamente pudo
disfrutar en muchos momentos del día; gimió de placer cuando
sintió en sus propias carnes los zapatazos de Cedric al batir,
fue la misma sensación que había experimentado sesenta años
atrás con las evoluciones del Quorum.
Disfrutó desde su
perspectiva viendo como la “pisaban “ Michel Robert, Hervé
Godignon, Michael Whitaker, Luis Álvarez Cervera,….
Ante ellos si se
humilla; ante caballos como Katchina Mail, Quick Study, o
Leopold Pierreville, Melodie Ardente, o Johnny Boy II, se hace
más elástica. Ya lo hizo años antes con Lutteur B, Kif Kif B,
Quorum, Rockette, Hickstead, Anthem, o Fahnenkoenig.
Menos mal que
caballos y jinetes la hacen disfrutar. Todos ellos son los que
hacen que la pista verde sea feliz.
La pista verde de
Madrid se siente cómoda con Santiago Varela. Santi la respeta,
la usa con el cariño debido y con el son que se merece.
¿ Por qué me tratáis
así en el Centenario ?.
Ella quería que la
volviesen a pisar caminando Pierre Jonqueres D’Oriola, Hans
Gunter Winkler, los Hermanos D’Inzeo, alguien de la Familia de
Paco Goyoaga; ella quería que estuviese por allí John Whitaker,
que era “primo hermano hípico “ de los jinetes anteriores.
La pista verde
perdona, pero no olvida; no olvida a Rafael Gutiérrez Maturana,
a José Orbe, a Manolo Ordovás, a Juan Nardiz, a Jaime García
Cruz, a José Arango, a Mauricio Álvarez de Bohórques, a Joaquín
Nogueras, a Fernando López del Hierro, a Margarita Goyoaga, a
Gregorio Ybarra, a Ángel Alonso Martín, a José Navarro
Morenés, a Milans del Bosch, a Carlos Kirkpatrick, ….
Ya decía Jacinto
Benavente que “el mundo está viejo y chochea”.
No es rocío lo
que había esta mañana en la Pista Verde de Madrid, eran
lágrimas………
Carolo López-Quesada
10/09/2010
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