CAROLO LÓPEZ-QUESADA

 
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LA COMPRA DE CABALLOS PARA LA OLIMPIADA DE 1936

 

 La relación de mi familia con la hípica viene de hace muchísimos años, mi bisabuelo fue General de Caballería y mi abuelo, Jesús Varela de Castro, también. Todos en la rama paterna de mi familia hemos montado, en mayor o menor medida, y muchos lo seguimos haciendo. También tenemos entre nosotros un jefe de pista, veterinarios, algún juez, instructores, etc. La afición de nuestros antepasados nos la transmitieron nuestros padres y nosotros a nuestros hijos, y yo ya no me imagino mi vida sin caballos.

Hace unos meses mi padre me enseñó unos papeles de mi abuelo sobre la compra de unos caballos para la Olimpiada de Berlín de 1936. Según me cuentan, el Coronel de la Escuela de Equitación, cargo que ocupaba mi abuelo en esa época, asumía las funciones de Jefe de Equipo y por eso, digo yo, sería el responsable de hacer esta compra.

 Cuando los leí me daba la risa. Se trata de las cuentas de la compra en Francia de cinco caballos para la Olimpiada de Berlín, luego como muy tarde, estamos hablando del año 1935. El desglose de gastos no lo puedo escribir entero por motivos técnicos pero para que os hagáis una idea los gastos de 17 días de estancia en Francia ascendieron a ¡¡TRES MIL CIEN PESETAS!!, conferencias y telegramas sumaban 153,25 Pts.; taxis 273 Pts.; invitaciones 371 Pts.; viajes 1.458 Pts.; propinas a palafreneros 294,16 Pts.; Guarnicionero 231, 25 Pts.;  Gastos Banco París y Pau 110, 45 Pts.; Gastos Banco Madrid 450 Pts.; Gastos fronteras 8.173 Pts., etc.…

 Pero lo más gracioso es ver que cuatro caballos PARA CORRER LA OLIMPIADA, costaron ¡80.097 Pts.! Por supuesto que no sería la Olimpiada de hoy en día, pero no dejaría de ser lo más grande que se corría en la época. Los nombres de estos caballos eran: Gracieuse, Dormans, Montmorency, Le Jeune Ami y una yegua, Juvencelle, que costó la friolera de 7.500 Pts.

 Los gastos totales de esta compra de cinco caballos en Francia más los de estancia, viaje, papeleos y fronteras ascendieron, todo incluido, a 105.260, 47 Pts.

 Hay otro documento, manuscrito por mi abuelo. En él se desglosa la compra de otra yegua, “Fashion”, por la que pagaron 6.370 Pts. En esta ocasión la estancia de 14 días en Francia costó 1.500 Pts. Los gastos totales entre la compra de la yegua, el viaje, los trámites y los intereses de los bancos sumaron 9.420 Pts.

 En un último párrafo, mi abuelo escribe “… Como se ve, han quedado en la operación tres mil cuatrocientas once pesetas, con un capital desembolsado y expuesto durante 40 días de 126.000 Pts. Y para esto quedarme con dos caballos carísimos en mi poder y expuesto a lo que pueda venir y sin saber qué hacer de ellos y con sus gastos.”

 No puedo saber a qué se refiere con éste comentario pero parece evidente que la situación política de España en aquel momento presagiaba lo peor y mi abuelo debía estar, lógicamente, preocupado.

 La triste realidad es que nunca estos caballos llegaron a correr los Juegos Olímpicos ya que en el 36 estalló la Guerra Civil en España y, con el pasaporte en la mano, y lo digo literalmente porque tengo el de mi abuelo, se quedaron sin viajar a Berlín.

 En fin, que resulta curioso ver que un caballo olímpico carísimo costaba en aquellos días 20.000 Pts. También habría que ver los caballos. No puedo hablar del criterio hípico de mi abuelo eligiendo caballos porque lo desconozco, pero tengo que pensar que serían caballos de calidad. O con la suficiente calidad como para participar en las competiciones más importantes de aquella época.

 Tampoco sé nada de los jinetes a los que iban destinados esos caballos. Pero estoy segura de que nuestros amigos de www.poetasmuertosjinetes.blogspot.com  serán capaces de echarnos una mano. 

 No voy a hacer un panegírico de mi abuelo, desde luego, pero sí se debe destacar la claridad y transparencia total con que están detallados éstos documentos, literalmente al céntimo, cosa de la que deberían tomar nota algunas de las actuales federaciones que al fin y al cabo están manejando el dinero de los federados. Y no para comprar caballos precisamente. Casualidades de la vida, mi abuelo fue el primer Presiente de la Federación Hípica Española.

 

Voy a acabar contando una anécdota que no tiene nada que ver con lo que he comentado antes pero sí con mi abuelo y está especialmente dirigida a los que montamos en el Club de Campo. Como ya sabéis todos, el actual Club de Campo Villa de Madrid fue anteriormente la Real Sociedad Hípica Española Club de Campo. Esta sociedad resultó de la fusión de La Real Sociedad Hípica Española con el Club de Campo, que fundamentalmente era un club de hockey sobre hierba.

 D. Carlos López Quesada, abuelo de Carolo, el General Kirkpatrick, el General Kindelán, mi abuelo y algunos más, fueron los fundadores de la Real Sociedad Hípica Española. Así funcionó hasta que se unió al Club de Campo. Al parecer mi abuelo, Secretario de la Real Sociedad Hípica Española, no era muy partidario de ésta fusión presintiendo que el club que ellos fundaran perdiera ese carácter exclusivamente hípico. Por este motivo se le consideró, en cierto sentido “poco abierto”, o “poco progresista”.

 Ahora, muchos años después, el tiempo le ha dado la razón. Por distintos motivos que no viene al caso ahora detallar, por malas gestiones y por falta de interés de algunos de los responsables del Club durante muchos años, los de la hípica, como comentaba yo una vez con Luis Alvarez Cervera, nos hemos ido quedando sucesivamente sin: dos canchas de polo, los terrenos donde se ubican ahora pistas de tenis y de paddle, una  pista que linda con la pista verde, dos pistas que fueron cuadrilongos de doma que han pasado a ser asfalto para instalar cuadras portátiles durante, como mucho, un mes al año, el resto inutilizadas; y el camino pegado al río se ha convertido en un paseo de papás con sus carritos de bebés durante los fines de semana, o de gente haciendo footing, que te miran con muy mala cara cuando pasa un caballo, y que no son conscientes del peligro que corren. Un día va a pasar una desgracia.

 Antes eran cuatro gatos y tenían una finca maravillosa. Ahora somos el ciento y la madre y se nos queda pequeño. Eso sí, a cambio, podemos jugar al tenis, al hockey y al golf. Y creo que hay siete piscinas. Me parece estupendo que nuestro Club tenga todas estas instalaciones, que son fabulosas, pero no a costa de que se nos haya ido “robando” terreno a la hípica.

 Estoy totalmente de acuerdo con lo que pensó mi abuelo hace casi noventa años, porque a él lo que le gustaba eran los caballos, igual que a mí.

 

 

PALOMA VARELA

 

 

 

 

 

 

 

 

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